A BALÓN PIÉ!

UNA EXCLUSIÓN AL DEPORTE

Hace unas semanas, el Comité Olímpico Internacional (COI) tomó la decisión de excluir a atletas, entrenadores y personal de Rusia y Bielorrusia de competencias deportivas, a la sazón de los días funestos que se viven debido a la guerra que inició el país ruso contra Ucrania, el pasado febrero. Un fallo que contraviene los principios fundamentales del deporte.

Cabe recordar que el deporte no se rige por gobiernos (incluso la no existencia de independencia está penalizada por la COI), por lo que dicha prohibición a atletas rusos y bielorrusos a competencias internacionales es un claro atentado contra sus propios principios.
Neutralidad política, es uno de los siete principios esenciales del Olimpismo, incluidos en la Carta Olímpica. También lo son: “La práctica deportiva es un derecho humano” y “No discriminación en la práctica del deporte”. Menciono esto porque es importante explicar la falta de un argumento que justifique la decisión del comité y de diferentes federaciones internacionales.

Es probable que, a este punto, estés pensando que estas reflexiones resultan muy románticas y no son acordes a la realidad vigente del deporte. Pero, ¿Cuál es la realidad del deporte? ¿Por qué solo pensar en los intereses económicos de quienes hacen negocio legítimo o no con él y no en quienes lo practican sin solucionar el resto de su vida financieramente durante sus carreras?

Huelga decir que, mediáticamente, el deporte es un iceberg donde lo que sale a la superficie para mostrarse al público es solo una pequeña parte de lo que ocurre. En este caso, el precio lo pagan muchos que no salen a la luz.

En éstas, podría entender un poco más estas medidas si el apoyo del pueblo ruso a la invasión de Ucrania fuera unánime. Pero este no es el caso. Y aun así, e independientemente de eso, el deporte nos ha regalado decenas de imágenes de amistad entre atletas de países en conflicto, de naciones donde se rompen barreras de segregación por sexo o raza, de abrazos entre rivales, de brazos alzados en un podio o de campeones que esperan por horas en la meta a que llegue el último lugar de su prueba.

No podemos seguir pensando en una visión nacionalista de hace más de medio siglo donde la decisión de una minoría en el poder represente a la voluntad de la mayoría de forma automática. Castigar a un gobierno no es castigar en automático a sus atletas. Por un momento dio la impresión de que el deporte ya lo había entendido. Pero no.
En tiempo de guerra, el deporte debería mostrarnos las cosas que nos hacen mejores seres humanos. O al menos dar un ejemplo de respeto a nuestros propios fundamentos.

Como fuera, limitar participaciones es una violación a los derechos humanos, va en contra del desarrollo armónico del ser humano, del establecimiento de una sociedad pacífica y del principio de neutralidad política, este último en el contexto actual.