Visibilidad Mediática: Juegos Olímpicos y Diamond League

Ante los ojos del mundo los Juegos Olímpicos (JJ. OO), son considerados como la máxima competencia internacional, debido a la interdisciplinariedad que poseen y la visibilidad comercial de los deportes más llamativos como la gimnasia, natación y, por supuesto, el atletismo. Este último, al ser el pionero primogénito de dicha justa es, asimismo, el más popular entre los aficionados al deporte. 

Gracias a las distintas especialidades del atletismo, los espectadores que siguen la pista de esta disciplina pueden englobarse en miles de millones, ya que cada prueba reúne para sí misma, por lo mínimo, el porcentaje equivalente a varios estadios pequeños. 

Por supuesto, hay distintas competiciones y marcas que los atletas deben conquistar antes de llegar a la cúspide olímpica, pero ¿realmente es esta la mejor y más compleja prueba? Los JJ.OO se han consolidado a lo largo de los años como la más ardua gloria que algún deportista pueda alcanzar, aunque dentro de cada disciplina se disponen de escalones superiores que solo los más destacados atletas logran vencer. 

Por su parte, el atletismo se supera en las arenas que la organización Wanda Diamond League, en español Liga Diamante, disponga para desarrollar las contiendas entre pruebas de este deporte tan basto en especialidades.

Al ser la máxima puesta en escena de los atletas, la Liga Diamante tiene distintos rubros que acreditan o descalifican a los individuos de participar en dicha competencia. En contraposición a las Olimpiadas, este comité de admisión ha destacado por reservarse el derecho a la competencia; lo que significa que no todos los ponentes galantes de una marca o récord, pueden batirse a duelo con sus semejantes en las pruebas correspondientes. 

Otra de las diferencias más notoria de la Liga es que su nivel competitivo es constante y acumulativo. Mientras que en los JJ.OO el oro, la plata y el bronce se definen en una misma oportunidad, la Liga Diamante les exige a sus contendientes que demuestren las destrezas inherentes a la disciplina, a través de un ciclo de 32 pruebas distribuidas en 13 campeonatos alrededor del mundo. A raíz de esto se denota un nivel de exigencia superior al que se aprecia en el cierre olímpico, dónde una única serie de marcas valida las posiciones dentro del podio. 

Produciendo un esquema competitivo mucho más mediático, las Olimpiadas son el escenario idóneo para que cientos de miles de aficionados y profesionales del deporte, focalicen su interés en un único punto durante un mes entero, logrando inversiones multimillonarias a nombre de la organización JJ.OO. 

Los Juegos de Tokio 2020 rompieron el récord de ingresos financieros por patrocinio pese a la pandemia de Covid-19, valorando la bolsa económica en más de 3.000 millones de dólares y 68 sponsors (20 más que las Olimpiadas de Río 2016), sólo por mencionar a los inversionistas locales. Esta impresionante cifra, se traduce en un incremento exponencial en los posibles fichajes que podría obtener un atleta de los gigantes del mercado empresarial. Aunque, llegados a ese punto, la mayoría de los competidores son representantes de alguna marca relacionada al ambiente deportivo, los JJ.OO fungen como plataforma de lanzamiento para impulsar la carrera de los atletas internacionalmente. 

Por otra parte, la faceta multidisciplinaria de los Juegos ha producido una pantalla ilusoria referenciada a lo que sería la exhibición máxima de los talentos mundiales, pues es la única competencia que ha logrado reunir a todos los deportes en un mismo acontecimiento, periódicamente. Sin embargo, su reconocimiento es un título mediático que se enaltece a costa de la potencialidad de las coberturas mundiales que se le da, debido a su trayectoria organizativa. 

Si bien es cierto que las competiciones coordinadas por la Liga Diamante son un galardón que, además de mostrar un registro elitista dentro de los currículums deportivos, sirven de señal olímpica no deberían ser relegadas a un público especial y cerrado. Con una cobertura tan ajustada, (propia a los eventos especializados), se entiende que la visibilidad del atletismo se encuentra acortada por los intereses del público, sin que este último sepa siquiera de su participación. 

Irónicamente las pruebas de la Liga poseen muchos de los componentes indispensables que vuelven interesante y llamativa a una contienda, atletas de alto rendimiento con récords mundiales, un podio prometedor, nuevos talentos, rivalidades, medallas y un premio metálico que, a diferencia de las Olimpiadas, surge de la misma competición y no de los países que representan los atletas.

En todas las especialidades los atletas compiten por un premio en efectivo valorado en 25.000 dólares correspondiente al primer lugar. Esta cantidad es la misma tanto para la rama femenina como para la masculina, además también hay una bonificación de medio millón de dólares que se destina a los mejores atletas de la temporada. La edición 2021 de la Liga Diamante cerró su bolsa en un total de siete millones de dólares; nada mal para una justa que se ha presentado en diez oportunidades desde su inicio en 2010. 

Con tantas características elitistas, sería más que comprensible que en algún momento la Liga tomase el protagonismo mediático que se le ha dado con cuentagotas.